Consejo Académico Consultivo, el lobo ahora “asesora” a las universidades sobre el examen que vende
El Colegio de Abogados anunció con orgullo la instalación del Consejo Académico Consultivo de Derecho. Un nuevo órgano, dicen, para fortalecer la calidad de la enseñanza jurídica. Van a trabajar, según el comunicado, en:
• Calidad académica y formación jurídica.
• Examen de excelencia profesional.
• Transformación digital e inteligencia artificial.
• Ética profesional.
• Metodología de lecciones.
Suena bien. Suena noble. Suena como si el Colegio finalmente se preocupara por la educación.
Hasta que ves la foto.
Y ahí, en primera fila, como si fuera el rector de la Universidad de Costa Rica, aparece Rafael Rodríguez Salazar. Sí, el mismo. El presidente y fundador de la AIPDCR. El miembro de la Junta Administradora del Colegio. El que tiene a los profesores de su asociación dándole cursos a los postulantes del examen. El que vende preparación para la prueba que el Colegio evalúa.
Y ahora resulta que es el que “media” con las universidades sobre calidad académica y examen de excelencia.
¿En qué momento un señor que no es director académico, que no tiene carrera universitaria vinculada a la gestión educativa, que no ha demostrado mérito académico alguno, se convierte en el rostro del Consejo Académico Consultivo del Colegio de Abogados?
Las universidades asistieron. 17 de 23. Y nadie preguntó.
Nadie preguntó por qué el Colegio pone a la cabeza de un consejo académico a quien preside una asociación privada que cobra a los postulantes por prepararlos para el examen.
Nadie preguntó por qué el mismo que vende cursos a los estudiantes ahora va a “asesorar” sobre cómo debe ser el examen de excelencia profesional. Nadie se dio cuenta de que esto no es un consejo académico, es una toma de control.
¿Cómo van a hablar de ética profesional con quien tiene una asociación satélite lucrando con los postulantes? ¿Cómo van a hablar de calidad académica cuando los miembros del CEEA que evalúan el examen son los mismos que dan cursos pagados en la AIPDCR? ¿Cómo van a hablar de transformación digital cuando la “colaboración informativa” del Colegio es promocionar un curso de IA de Kendall Ruiz en el auditorio que maneja Rafael Rodríguez?
Esto no es un consejo, es una cortina de humo.
Una cortina para que las universidades crean que hay diálogo institucional, mientras la JD se asegura de controlar desde adentro cómo se hace el examen, quién lo prepara y quién se queda con la plata.
Una cortina para que las universidades vean la cara de un “consejo académico” cuando en realidad es la AIPDCR tomando el control del proceso de incorporación.
A las universidades que asistieron: abran los ojos. No son socias del Colegio en este consejo. Son testigos de un show. El señor que les habla de ética y examen es el mismo que tiene una asociación donde sus profesores le venden la preparación a los estudiantes que ustedes gradúan. Les están viendo la cara. Les venden participación institucional mientras les roban la imparcialidad del examen.
A las universidades que faltaron: quizás tuvieron suerte. O quizás intuían que esto no era un consejo académico, sino una reunión de negocios disfrazada de pedagogía.
Y hay algo más que duele. Recordarán el día que los postulantes protestaron frente al Colegio, exigiendo ser atendidos. Entraron al auditorio con su abogado representante. Y el Colegio lo sacó. Cometieron un delito grave al expulsar al abogado que defendía a los postulantes, a los futuros agremiados que solo pedían explicaciones.
Pero miren bien las fotos de ese día. Al fondo, en el mismo auditorio, estaba Rafael Rodríguez Salazar. No lo sacaron a él. No lo detuvieron. No le dijeron que no podía estar ahí. Al contrario, lo dejaron. Mientras el abogado de los postulantes era expulsado, el presidente de la AIPDCR (la asociación que vende cursos a esos mismos postulantes) permanecía en el recinto como si fuera parte del mobiliario.
¿La doble moral no les da asco? Sacan al defensor de los postulantes, pero permiten que el dueño del negocio paralelo del examen esté sentado en el auditorio. Protegen a quien lucra, y reprimen a quien reclama.
Y mientras tanto, ¿dónde quedó la pensión? ¿Dónde quedó la transparencia? ¿Dónde quedó el fondo de jubilaciones que prometieron? No hay. Pero sí hay consejos académicos, sí hay cursos de IA, sí hay asociaciones satélite, sí hay viajes en avioneta, sí hay sedes fantasmas por 1.500.000 mensuales.
Señores de la Junta Directiva: basta de cortinas de humo. No pueden venderse como garantes de la ética profesional cuando son socios de quienes lucran con el examen. No pueden poner a Rafael Rodríguez a “mediar” con las universidades cuando su asociación les vende cursos a los postulantes.
Eso no es diálogo académico. Eso es monopolio disfrazado de consejo.
Retiren a quienes tienen conflicto de interés de cualquier órgano académico. O reconozcan de una vez que el examen no es una evaluación, es un negocio.
¿Las universidades seguirán asistiendo a los consejos del lobo, o alguna se atreverá a decir que Caperucita no entra a la casa?

