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He leído a varios defensores del sistema repetir una frase que derrocha una ternura e inocencia financiera absolutas: “Si el Colegio quisiera hacer plata, los pasaría a todos para cobrarles la mensualidad”.Permítanme sacar la calculadora y darles una pequeña dosis de realidad, utilizando los números oficiales confesados por la mismísima Junta Directiva en el Acta N° 22-26 (sesión del 2 de junio de 2026).Veamos las dos opciones de “negocio” que tiene el Colegio:

OPCIÓN A: El Abogado Incorporado

Si el Colegio lo incorpora, usted paga una cuota de aproximadamente 11,000 colones al mes. Suena bien, ¿verdad? Pero el propio Fiscal del Colegio ya admitió en actas que, de esa plata, 5,500 colones se van directo al seguro de gastos médicos, pólizas de vida y otras cargas. ¿Saben cuánto le queda libre al CAACR? Apenas 2,149 colones líquidos al mes. Eso equivale a unos ridículos 25,788 colones al año. Y para colmo, por esos 25 mil pesitos anuales, tienen que darle a usted beneficios, representación y derecho a usar las instalaciones. Un desastre financiero.

OPCIÓN B: El Postulante Cautivo

Aquí es donde brilla el verdadero genio corporativo. Usted paga 50,000 colones en seco por el Curso de Deontología Jurídica. Un curso que, oh sorpresa, no tiene evaluación sumativa (es decir, ni siquiera hay un examen para pasarlo). Usted solo paga y asiste.

Pero aquí viene la magia: al pasar un año, el Reglamento dicta que su curso “caducó”. ¿Acaso la ética profesional se evapora del cerebro a los 365 días? ¡Claro que no! Lo que caduca es el tiquete de caja. Usted vuelve a pagar 50,000 colones por ir a escuchar exactamente lo mismo, sumado a los montos cada vez que deba repetir la famosa prueba de “excelencia”.

Y lo mejor de todo para ellos: este dinero entra libre de polvo y paja. No le tienen que pagar seguro médico, no le dan póliza, no le dan beneficios institucionales. Todo es ganancia neta. Conclusión:No hace falta tener un doctorado en economía para entender por qué la tasa de reprobación es tan conveniente y por qué se aferran a que el curso de ética tenga fecha de vencimiento. La “receta” de incorporar a todo el mundo es pésima para sus arcas; el verdadero negocio millonario es mantener a una masa gigantesca de egresados atrapados en un peaje de cobros repetitivos, disfrazados de “rigor académico”.Es un modelo de facturación brillante, hay que admitirlo. Lo único que les pedimos es que dejen de insultar nuestra inteligencia llamándolo “Excelencia Académica”. Llámense simplemente por lo que son: excelentes recaudadores.

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