y que no está en el cielo, sino aquí mismito en Rep.Dom administrado por el PRM y con vista privilegiada desde el despacho de Luis Abinader.
En ese paraíso no hay apagones la luz es eterna… aunque solo brille en la rendición de cuentos.
El agua corre cristalina…
La canasta básica es ligera aun casi nadie puede cargarla.
En ese paraíso tropical, la inflación es un mito urbano, los hospitales funcionan como relojes suizos y los salarios alcanzan para ahorrar, invertir y hasta vacacionar en Punta Cana.
Allí los funcionarios nunca saben nada.
No hay corrupción, no existen botellas clientelismo, ni hambre.
Si algo se descubre, fue “heredado”.
Si algo explota, fue “mal interpretado”.
Y si algo falta… es culpa del pasado, del clima o de Mercurio retrógrado.
En ese paraíso el pueblo no protesta: “se confunde”.
No reclama “exagera”.
No sufre: “
Y mientras tanto, desde las alturas del Olimpo gubernamental, se felicitan entre ellos por vivir en el país de las maravillas estadísticas, donde todo crece menos la paciencia, donde todo mejora menos el bolsillo y donde la transparencia es tan clara… que nadie la ve.
Y así seguimos, entre discursos celestiales y realidades terrenales, mirando hacia arriba… esperando que un día ese paraíso baje del discurso a la calle.
Y dejen las fábulas y cuentos.
Fábulas y cuentos
